Quiénes Somos
Un grupo de personas con espíritu idealista, motivados a participar activamente y ha aportar de forma positiva al cambio. Nos rehusamos a mantenernos impasibles e indiferentes ante la agitada realidad nacional.
Por estos motivos, decidimos fundar
miércoles, 18 de abril de 2007
La naturaleza y los mandatos del nacionalismo
Recurrentemente, a lo largo de mi vida, he visto como mi voluntad política diverge completamente de la del electorado ecuatoriano. Me he acostumbrado a ver mis impulsos ideológicos dispares con la voluntad política de la mayoría de ecuatorianos; se podría decir que este sistema electivo de mayorías ha dado duros espaldarazos a mi identidad política. De ésta forma, rara vez he sentido que mi posición política como ciudadano ha estado representada en la dinámica gubernamental o estatal. Esto, a su vez, justifica que cuando he presenciado el letárgico estancamiento del Ecuador me haya enfurecido y despechado contra la falta de acierto de las decisiones del electorado ecuatoriano. Es entendible, entonces, que al calor de este enfurecimiento sea difícil sostener una identidad de orgullo ecuatoriano, mi mas profundo carácter de ecuatoriano se estremece al constatar la crisis de nuestro estado. ¿Cómo puedo yo sostenerme firme como Nacional cuando no logro entender la configuración del sistema democrático de toma de decisiones en el Ecuador? ¿Cómo puedo yo afirmar mi patriotismo cuando no logro identificarme jamás con el trabajo de los representantes del pueblo, los políticos? ¿De donde arranca mi nacionalismo si la vida de mi país se encuentra inmersa en un huracán de fútiles vaivenes políticos? Y entonces; ¿qué sentido tiene tener una ideología política en el Ecuador cuando, al fin y al cabo, los movimientos políticos se desenvuelven en una mecánica de parloteo y de negociaciones informales?
Pues bien, en esta última contienda política las posiciones han sido bastante encontradas, y a pesar de que el Sí ganó de manera abrumadora, el No tuvo el apoyo de importantes intelectuales y pensadores que tuvieron que sentir en su piel los mismos cuestionamientos de desunión que acabo de describir.
En éste momento pienso que es necesario hacer una reflexión sobre la naturaleza y las implicaciones del sentimiento nacionalista. El día de ayer los ecuatorianos se pronunciaron de manera elocuente, el conjunto de ciudadanos ha sido expreso en su decisión: quieren cambios estructurales en el estado; quieren una nueva constitución. El conjunto de ciudadanos ha decidido emprender un nuevo orden estatal. Y esta decisión fue tomada de una forma evidentemente democrática. Correcto; ¿pues bien, que tipo de orientación pueden tener ahora los nacionalistas defraudados? Realmente, solo pueden tener una. Al ser ecuatoriano uno es parte de un conjunto gentilicio de personas nacidas en el mismo territorio y gobernadas por el mismo ordenamiento; ahora, ocurre que el conjunto gentilicio de personas al que pertenecemos ha adoptado una decisión irrevocable y decisiva para nuestra nación. El ser nacionalista significa ante todo la identificación con una realidad nacional; significa, por tanto, que los nacionalistas “hacen carne” su realidad de ecuatorianos, y en este caso específico, hay que asimilar la realidad de que dentro de poco tendremos un nuevo orden estatal por decisión propia. Pues bien, ¿entonces que perspectiva, que posicionamiento se debe tener, en tanto en cuanto nacionalista, frente al nuevo proyecto jurídico nacional? Debemos asumir que nuestro país emprende un proyecto ambicioso, que independientemente del sentido político de cada individuo éste proyecto se va a llevar a cabo, que los riesgos de fracasar en este proyecto implican el establecer una estructura organizativa estatal destinada a la quiebra y a múltiples nuevas crisis, que solamente puede ser exitoso un nuevo orden nacional si cuenta con un alto grado de consenso ciudadano, y que para que una empresa de éste calibre sea exitosa necesita de la participación de los mejores intelectuales del país. Por lo tanto, independientemente de la perspectiva política en que cada ciudadano se encontraba antes del plebiscito, tras la decisión democrática trascendental de nuestra comunidad solo podemos en virtud de nuestro carácter nacional devenir en actores promotores efectivos del éxito de la asamblea constituyente. Francamente, ésta es la única vía de superación: la asamblea constituyente es una realidad casi tangible, que va a alterar significativamente el desarrollo futuro del Ecuador, por tanto, un proyecto tan complejo y profundo solo puede ser exitoso si cuenta con el apoyo ciudadano más extenso. Ser nacionalista ahora implica el asumir un deber de compromiso con un proyecto vital para el futuro del Ecuador; debemos colocarnos en un papel crítico constructivo con respecto al proyecto de la asamblea nacional para que ésta logre sus objetivos.
Por tanto, aquellos importantes juristas que han reprochado los procesos políticos ecuatorianos desde los cómodos asientos de sus despachos, y los intelectuales que dejaron que la preferencia de mantenerse ajenos a las destartaladas pugnas partidistas sea un motivo suficiente como para excluirse de la dinámica política tienen ahora un deber, en virtud de su patriotismo de asumir un papel tenaz y activo en el proyecto de la asamblea constituyente. El nacionalismo tiene que movilizar al mejor capital humano del país, puesto que ésta es la única manera de salvaguardar el frágil futuro ecuatoriano.
Juan Esteban Guarderas
Pues bien, en esta última contienda política las posiciones han sido bastante encontradas, y a pesar de que el Sí ganó de manera abrumadora, el No tuvo el apoyo de importantes intelectuales y pensadores que tuvieron que sentir en su piel los mismos cuestionamientos de desunión que acabo de describir.
En éste momento pienso que es necesario hacer una reflexión sobre la naturaleza y las implicaciones del sentimiento nacionalista. El día de ayer los ecuatorianos se pronunciaron de manera elocuente, el conjunto de ciudadanos ha sido expreso en su decisión: quieren cambios estructurales en el estado; quieren una nueva constitución. El conjunto de ciudadanos ha decidido emprender un nuevo orden estatal. Y esta decisión fue tomada de una forma evidentemente democrática. Correcto; ¿pues bien, que tipo de orientación pueden tener ahora los nacionalistas defraudados? Realmente, solo pueden tener una. Al ser ecuatoriano uno es parte de un conjunto gentilicio de personas nacidas en el mismo territorio y gobernadas por el mismo ordenamiento; ahora, ocurre que el conjunto gentilicio de personas al que pertenecemos ha adoptado una decisión irrevocable y decisiva para nuestra nación. El ser nacionalista significa ante todo la identificación con una realidad nacional; significa, por tanto, que los nacionalistas “hacen carne” su realidad de ecuatorianos, y en este caso específico, hay que asimilar la realidad de que dentro de poco tendremos un nuevo orden estatal por decisión propia. Pues bien, ¿entonces que perspectiva, que posicionamiento se debe tener, en tanto en cuanto nacionalista, frente al nuevo proyecto jurídico nacional? Debemos asumir que nuestro país emprende un proyecto ambicioso, que independientemente del sentido político de cada individuo éste proyecto se va a llevar a cabo, que los riesgos de fracasar en este proyecto implican el establecer una estructura organizativa estatal destinada a la quiebra y a múltiples nuevas crisis, que solamente puede ser exitoso un nuevo orden nacional si cuenta con un alto grado de consenso ciudadano, y que para que una empresa de éste calibre sea exitosa necesita de la participación de los mejores intelectuales del país. Por lo tanto, independientemente de la perspectiva política en que cada ciudadano se encontraba antes del plebiscito, tras la decisión democrática trascendental de nuestra comunidad solo podemos en virtud de nuestro carácter nacional devenir en actores promotores efectivos del éxito de la asamblea constituyente. Francamente, ésta es la única vía de superación: la asamblea constituyente es una realidad casi tangible, que va a alterar significativamente el desarrollo futuro del Ecuador, por tanto, un proyecto tan complejo y profundo solo puede ser exitoso si cuenta con el apoyo ciudadano más extenso. Ser nacionalista ahora implica el asumir un deber de compromiso con un proyecto vital para el futuro del Ecuador; debemos colocarnos en un papel crítico constructivo con respecto al proyecto de la asamblea nacional para que ésta logre sus objetivos.
Por tanto, aquellos importantes juristas que han reprochado los procesos políticos ecuatorianos desde los cómodos asientos de sus despachos, y los intelectuales que dejaron que la preferencia de mantenerse ajenos a las destartaladas pugnas partidistas sea un motivo suficiente como para excluirse de la dinámica política tienen ahora un deber, en virtud de su patriotismo de asumir un papel tenaz y activo en el proyecto de la asamblea constituyente. El nacionalismo tiene que movilizar al mejor capital humano del país, puesto que ésta es la única manera de salvaguardar el frágil futuro ecuatoriano.
Juan Esteban Guarderas