Ayer discutíamos agitados, algunos amigos de
Independientemente de la noción ideológica de la estricta dogmática de izquierda o derecha ( y la vacuidad de estos conceptos), creo que lo sano en una democracia debería ser la transparencia. Sobretodo ahora que volvemos a estar en elecciones. Manifestar, con claridad los proyectos por el que conceder nuestro voto a un candidato, es decir, saber a profundidad que representa el concederles nuestro votos a las distintas facciones que se postularán próximamente. Sin duda, en Ecuador, el voto en
Dada la vital importancia de la próxima elección deberíamos exigir nuestro derecho a saber por qué y quién votamos. Sobre este asunto me remito a un brillante artículo de Fabián Corral que expone con claridad y argumentación jurídica algunos puntos que se deberían tratar abiertamente con la sociedad y de los que nada se ha dicho hasta el momento. De algunas actitudes del Ejecutivo se puede deducir el rumbo que el "cambio" o la "revolución" esta tomando pero fuera de ello todo es incertidumbre.
Me permito preguntarles estimados lectores, de qué cambio estamos hablando? Creo firmemente que todo ecuatoriano es partidario de un mejor porvenir, de mayor equidad en la repartición de la riqueza, de estabilidad y seguridad, de mejores servicios públicos, tan siquiera los básicos. Pero me parece desleal jugar con las expectativas de un pueblo y servirse de un discurso demagógico y populista para hacerse de votos y aglutinar desmedidas fuerzas. Arremeter contra todos los viejos estamentos ha sido una estrategia fructífera en términos de incrementar la popularidad del Primer Mandatario, pero a la larga, ello no aporta nada materialmente a nuestro país. Es imperativo que el Gobierno de Correa de a conocer exhaustivamente la magnitud del cambio, los límites y alcances de éste, las implicaciones y costes socio-económicos que acarreará consigo, los efectos sobre nuestra imagen internacional. En fin, valdría la pena saber con claridad si los procesos de dudosa legalidad que se han venido sucediendo van a ser sólo “el trago amargo” necesario para alcanzar tan anhelada meta; no vaya a ser que luego nos llevamos algunos desencantos con el Socialismo del S. XXI.
Gabriel Crespo B.
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