Quiénes Somos

Un grupo de personas con espíritu idealista, motivados a participar activamente y ha aportar de forma positiva al cambio. Nos rehusamos a mantenernos impasibles e indiferentes ante la agitada realidad nacional.

Nos une el vínculo de haber pertenecido a la Universidad de Salamanca y el orgullo por nuestra patria, Ecuador. Anhelamos que la formación académica, humanística y jurídica que cultivamos, genere aportes constructivos para labrar caminos y plantear soluciones dirigidas a construir un mejor país.

Por estos motivos, decidimos fundar la Asociación de Estudiantes Ecuatorianos en Salamanca, con sus objetivos y fines, dirigidos a contribuir opiniones, creando espacios que reflejen la libertad de expresión y la pluralidad de ideas.

domingo, 6 de mayo de 2007

Deliberaciones en un bar

Ayer discutíamos agitados, algunos amigos de la Facultad, defendiendo con pasión nuestras posturas antagónicas y opiniones sobre la crisis política de Ecuador. Como consecuencia de ello surgió el texto que a continuación publico:

Independientemente de la noción ideológica de la estricta dogmática de izquierda o derecha ( y la vacuidad de estos conceptos), creo que lo sano en una democracia debería ser la transparencia. Sobretodo ahora que volvemos a estar en elecciones. Manifestar, con claridad los proyectos por el que conceder nuestro voto a un candidato, es decir, saber a profundidad que representa el concederles nuestro votos a las distintas facciones que se postularán próximamente. Sin duda, en Ecuador, el voto en la Consulta reflejó el descontento generalizado y la insatisfacción. Existe una inminente necesidad de cambio. Pero en general (me atrevería a decir en los últimos 10 años) el voto no ha sido un voto plenamente conciente ni responsable. Esa ha sido precisamente la magia del populismo, conseguir votos mediante espejismos e ilusiones. Impotentes, la opción que nos ha quedado es votar por el "menos peor". Ante ese escenario se ha gestado el nuevo e inusitado líder político, Rafael Correa. Será producto del desazón que nos llevamos con Gutierrez, el agotamiento que trajo consigo años de la famosa “Partidocracia”, quizás la política de Bush, el sueño Bolivariano o el apadrinamiento de Chávez y sus petro-dolares, quién sabe. Pero el hecho es que llegó al poder en contra de todos los pronósticos y ahora nos conduce a una Asamblea Constituyente Plenipotenciaria, en la que como dicen algunos de sus seguidores, el Ecuador se va a levantar de las cenizas como el Ave Fénix, ya que vamos a refundan la nación “Altiva y Soberana para salir de la larga noche neoliberal”. Curiosa es nuestra historia política, sobretodo cuando se la ve desde el extranjero.

Dada la vital importancia de la próxima elección deberíamos exigir nuestro derecho a saber por qué y quién votamos. Sobre este asunto me remito a un brillante artículo de Fabián Corral que expone con claridad y argumentación jurídica algunos puntos que se deberían tratar abiertamente con la sociedad y de los que nada se ha dicho hasta el momento. De algunas actitudes del Ejecutivo se puede deducir el rumbo que el "cambio" o la "revolución" esta tomando pero fuera de ello todo es incertidumbre.

Me permito preguntarles estimados lectores, de qué cambio estamos hablando? Creo firmemente que todo ecuatoriano es partidario de un mejor porvenir, de mayor equidad en la repartición de la riqueza, de estabilidad y seguridad, de mejores servicios públicos, tan siquiera los básicos. Pero me parece desleal jugar con las expectativas de un pueblo y servirse de un discurso demagógico y populista para hacerse de votos y aglutinar desmedidas fuerzas. Arremeter contra todos los viejos estamentos ha sido una estrategia fructífera en términos de incrementar la popularidad del Primer Mandatario, pero a la larga, ello no aporta nada materialmente a nuestro país. Es imperativo que el Gobierno de Correa de a conocer exhaustivamente la magnitud del cambio, los límites y alcances de éste, las implicaciones y costes socio-económicos que acarreará consigo, los efectos sobre nuestra imagen internacional. En fin, valdría la pena saber con claridad si los procesos de dudosa legalidad que se han venido sucediendo van a ser sólo “el trago amargo” necesario para alcanzar tan anhelada meta; no vaya a ser que luego nos llevamos algunos desencantos con el Socialismo del S. XXI.

Gabriel Crespo B.

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